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EL AGUILA


Nombre Científico: Stephanoaetus coronatus (Aguila Coronada)

Familia: Accipítridos.

Orden: Falconiformes.

Clase: Aves.

Identificación: Alas cortas, anchas redondeadas y cola larga; hembra mayor que el macho y cresta voluminosa en ambos sexos.

Tamaño: Longitud: 80-90 cm; envergadura: 163 m (macho) y 180 cm (hembra).

Peso: Macho; 2,7-4 kg; hembra: 3,2-3,8 kg.

Distribución: Africa tropical y austral.

Hábitat: Bosques y terrenos arbolados, desde pluvisilvas de tierras bajas hasta bosque de galería y pequeños bosque de montaña; raramente se adentra en sabanas abiertas para alimentarse.

Alimentación: Se compone sobre todo de mamíferos (especialmente monos, pequeños antílopes, damanes y vivérridos), pero también incluye gallináceas, palomas y grandes sauriso.

Reproducción: Suele poner dos huevos (más rara vez uno) y la incubación dura unos 50 días; el único pollo que sobrevive n o empieza a utilizar sus alas hasta los 90-115 días.


Denominada “leopardo del aire” por su plumaje moteado y por su habilidad para maniobrar entre la espesura, el águila coronada posiblemente es la rapaz más potente y vigorosa de la fauna africana, capaz de matar presas cinco veces más pesadas que ella. Como la arpía mayor y otras águilas de los bosques tropicales, las crías del águila coronada continúan dependiendo de sus padres mucho tiempo después de adquirir su primer plumaje; a menudo, esta dependencia se prolonga de nueve a once meses, lo que puede que contribuya a afinar la inteligencia de una rapaz que ha dado repetidas muestras de comportamientos en los que la memoria y la capacidad de resolver nuevos problemas predominan sobre el instinto.



ORIGEN Y EVOLUCIÓN


De los dinosaurios a las aves

Aunque a mediados del siglo XXX el biólogo británico y ferviente evolucionista Thomas Henry Huxley sugirió el estrecho parentesco entre aves y dinosaurios, pocos se tomaron la molestia de contrastar seriamente esta revolucionaria idea hasta que en 1926 Gerhard Heilmann publicó la obra El origen de las aves.

Amparándose en el hecho de que los dinosaurios descubiertos hasta entonces carecían de espoleta, Heilmann afirmó que los dinosaurios y las aves, pese a su probable parentesco, sólo podían estar emparentados por un antepasado común mucho más antiguo. La afirmación de Heilmann no fue puesta en duda hasta mediados de los años setenta, cuando el paleontólogo John Ostrom, de la Universidad de Yale, empezó a comparar los detalles anatómicos de los dinosaurios terópodos con Arcbaeopteryx, la primera ave conocida.

John Ostrom, que ya había revolucionado la comunidad científica en 1964 al descubrir el ágil Deinonicbus –un terópodo bípedo corredor y capaz de saltar, que desmentía la idea de que los dinosaurios eran pesados y lentos-, afirmó que existían demasiadas similitudes entre este dinosaurio de 3 m y Arcbaeopteryx como para que se tratara de una simple convergencia evolutiva. Basándose en rasgos comunes a aves y terópodos, tales como una muñeca giratoria y una mano de tres dedos, el paleontólogo proclamó incluso que “ahora viven en forma de animales con plumas”.

Más aún que el descubrimiento de los terópodos ágiles, esta afirmación generó un acalorado debate que todavía tiene plena vigencia hoy en día; sin embargo, el descubrimiento subsiguiente de un terópodo recubierto con filamentos que recuerdan a las plumas y con una cintura escapular de ave (Sinosauropteryx), de otro capaz de aletear con sus pequeños brazos para mantener el equilibrio (Unenlagia) y de otros dos recubiertos con unas estructuras fibrosas químicas y/o estructuralmente similares a las plumas de las aves (Beipiaosaurus, Sbuvuia), así como la constatación de que muchos terópodos tenían sus dos clavículas unidas en espoleta, inclinaron definitivamente la balanza hacia los defensores de la idea de que las aves descienden de los dinosaurios.

Evolución y aparición de las rapaces

Arcbaeopteryx vivió hace unos 150 millones de años en la actual Baviera, y en el largo período geológico que separa a esta especie de las aves modernas se han encontrado muy pocos fósiles que puedan arrojar alguna luz sobre los orígenes de estas últimas. Ninguna de las enantiornitas conocidas, incluida Eoalulavis boyasi –si primera ave con álula-, puede considerarse como un eslabón de unión entre la primera ave conocida y las especies actuales. Ni siquiera las odontornitas, que sucedieron a las enantiornitas, parecen estar directamente relacionadas con las aves modernas.

A fines del Eoceno inferior, hace unos 50 millones de años, las aves empezaron a ser más abundantes, pero ninguno de los fósiles de esta época geológica, que en su mayoría pertenecen a familias y órdenes actuales, permite establecer una relación directa con los grupos de aves que los precedieron. Entre estas primeras aves modernas figuran las falconofirmes, cuyas yacimientos más importantes –que datan de fines del Eoceno principios del Oligoceno (entre 38 y 35 millones de años atrás). Se encuentran en Francia y en Sudamérica. Por su aspecto general, estas antiguas rapaces recordaban a los actuales busardos, aunque no estaban estrechamente emparentados con éstos, pese a que ambos se originaron probablemente en el antiguo continente de Gondwana. Durante el Mioceno, las rapaces ya estaban apreciablemente diversificadas y extendidas, tanto por Africa y Eurasia como por América.



LAS AGUILAS VERDADERAS

Consideradas como los miembros más evolucionados de la familia de los accipítridos, las 31 especies de águilas verdaderas presentan unos tarsos plumados que las diferencian de todas las rapaces (excepto dos tipos de busardos), incluidas algunas que reciben también el nombre de águilas, como la de Azara, la volatinera o la monera.

Águila Milana

(Ictinaetus malayensis)
Pese a ser muy distinta de las otras 30 especies por sus alas largas y por su estructura más frágil y sus talones más débiles que las rapaces del género Aquila, esta rapaz del sur y sureste de Asia se incluye en este grupo por sus tarsos plumados y por algunas pautas de su comportamiento.

Género Aquila

Comprende once especies, entre ellas el águila real, que es una de las más corpulantas (hasta 6.65kg), posiblemente la más emblemática y la única que tiene una distribución holártica. No tan imponentes, las águilas pomerana, moteada, esteparia e imperial oriental crían en zonas más o menos amplias del Paleártico; en algunas de estas zonas coinciden con el águila real pero, a diferencia de ésta, tienen todas ellas poblaciones que invernan en al Africa subsahariana. Esta última región es el feudo exclusivo de la pequeña águila cafre, una rapaz que se alimenta de damanes.

Otra especie difundida por la región etiópica es el águila rapaz, si bien esta águila tiene muchas subespecies y es común en muchas zonas también se encuentra en la cota norte de Marruecos y Argelia, en el sur de Arabia y en el subcontinente Indio. Más restringidas en su distribución son el águila moluqueña, que además de en las Molucas vive en Nueva Guinea y las islas Aru; el águila audaz, presente en Australia, Tasmania y sur de Nueva Guinea, que es la única que iguala en envergadura al águila real (hasta 227 cm); y la amenazada águila imperial ibérica.

Géneros Hieraaetus

Cuenta con seis especies, dos de ellas de amplia distribución, aunque irregular, por el sur de Eurasia: el águila-azor perdicera, que también se encuentra en el noroeste de Africa, y la dimórfica aguililla calzada, que además de invernar en el Africa subsahariana y en la India, cuenta con una población que cría en la provincia de El Cabo y migra en marzo hacia Namibia.

Los otros miembros del género son el águila-azor africana, una especie común en las sabanas y otros terrenos arbolados del Africa tropical; la de Ayres, que es prácticamente simpatrica con la anterior y que se alimenta sobre todo de aves a las que a menudo captura tras realizar un picado con las alas plegadas en forma de corazón; la ventrirroja, propia del sur de la India y del sudeste asiático, y la polimórfica aguililla australiana, que se encuentra en esta isla-continente y en Nueva Guinea.

Águila Marcial

(Polomaetes bellicosus)
Esta rapaz de gran tamaño (hasta 6,2 kg de peso y 2,12 m de envergadura ), cabeza grande y cresta y contratado plumaje es propia de los terrenos abiertos del Africa tropical y del sur. Suele encumbrarse durante horas en busca de sus presas: grandes aves y antílopes.

Águila-Azor Blanquinegra

(Spizastur melanoleucus)
Distribuida por el sur de México, América Central y la Sudamérica tropical, esta vistosa rapaz depreda tinamús, cormoranes y muchas otra aves, así como reptiles y pequeños mamíferos.

Águila Crestilarga

(Lophaetus occipitalis)
Provista de una larga cresta que ondea al viento, el águila crestilarga es una oscura rapaz de alas anchas y redondeadas. Esta ave es propia sobre todo de las sabanas y las plantaciones arbórea del Africa subsahariana.

Género Spizaetus

Cuenta con diez especies, en su mayoría crestadas, de tamaño mediano y eminentemente forestales; algunos autores han incluido también en este género al águila poma, así como el águila coronada.

Siete de los diez miembros del género son propios del hemisferio oriental: el águila-azor variable, que cuenta con una cresta negra y flexible, así como con fases oscuras, vive en la India, Sri Lanka, Birmania y el sudeste de Asia; la montañesa vive en bosques de montaña del suroeste de la India y Sri Lanka y en una amplia franja que se extiende desde el Himalaya indio hasta Taiwán, pasando por China y el norte de la península malaya; la Indonesia vive en selvas tropicales del Tennaserim, la península malaya, Sumatra y Borneo; la amenazada y también estrictamente forestal águila-azor de Java; la poco conocida y rara águila-azor de Célebes, y las igualmente raras águilas-azor Filipina y de Wallace. Esta última especie, en concreto, es simpátrica con el águila-azor indonesia y no supera los 610 gramos de peso.

Una octava especie, el águila-azor congoleña, es el único miembro africano del género; vive en los bosques tropicales del Africa ecuatorial y se alimenta sobre todo de aves, aunque también captura ardillas. Los otros dos miembros del género Spizaetus son americanos y su distribución se extiende desde las regiones meridionales de México hasta el norte de Argentina; son el águila-azor negra, que es propia de las selvas secundarias y los bosques abiertos, y el águila-azor galana, una rapaz poderosa y de llamativo plumaje que prefiere las selvas tropicales.

Águila Pomo

(Oroaetus isidori)
Esta rapaz negra y castaña, robusta y de cola más bien corta vive en las laderas muy boscosas de la Sudamérica andina, donde depreda grandes aves, monos, ardillas y otros mamíferos arbóreos.



MEDIO NATURAL


Distribución y Hábitats

El área de distribución del águila coronada se extiende desde Guinea hasta el sur de Kenya y el centro de Etiopía por el este, y a través de Africa ecuatorial hasta República Democrática del Congo, Zimbabwe, Zambia y el este de Sudáfrica por el sur. En toda esta área, la gran rapaz africana está asociada con los terrenos arbolados. Aunque su hábitat preferido son las pluvisilvas de tierras bajas y otras masas forestales densas, también extiende su imperio por los bosques semiabiertos de Bracbystegia, los bosques de galería, las colinas salpicadas de pequeñas extensiones de selva de montaña y los bosques de acacias en áreas semidesérticas.

Cuando caza, el águila coronada no duda en buscar sus presas incluso en el suelo de los bosques de sus hábitats. Con todo, estas incursiones suelen ser bastante puntuales y no es probable que esta rapaz forestal compita en gran medida con otras grandes águilas africanas.

El águila marcial, por ejemplo, suele vivir y cazar en sabanas, estepas, herbazales, desiertos y otros terrenos abiertos, y sólo en ocasiones se adentra en zonas densamente arboladas. Incluso en este caso la competencia con el águila coronada no tiene por qué ser intensa: pese a ser el águila de mayor tamaño y corpulencia de las águila africanas, la marcial no es tan fuerte y poderosa como la coronada.

En la verdadera selva pluvial, por otra parte, el águila coronada puede coincidir con el águila-azor congoleña, pero aún así la competencia es mínima, ya que esta última se alimenta sobre todo de pequeñas aves; por lo demás, el área de distribución de esta pequeña águila-azor se limita casi exclusivamente a una estrecha franja que se extiende desde Sierra Leona y Liberia hasta el oeste de Uganda y el este de República Democrática del Congo.

Otras Águilas Africanas

Más exclusiva de los hábitat abiertos que la marcial, el águila rapaz prefiere los hábitats templados y subtropicales y los terrenos arbolados muy abiertos, no encontrándose nunca en selvas densas o en verdaderos desiertos. Estos dos últimos ambientes son también evitados por el águila de Wahlberg, un habitante típico de las sabanas y otros terrenos arbolados poco densos, donde se alimenta de reptiles y también de aves rapaces, pequeños mamíferos e insectos.

Por lo demás, esta pequeña águila es una migradora transecuatorial, aunque siempre dentro de la región subsahariana: la mayor parte de la población cría al sur del Ecuador y se desplaza hacia el noreste durante el invierno austral, si bien existen unos pocos individuos sedentarios y otros que realizan pequeños movimientos estaciónales desde y hacia las sabanas de Guinea.

Los montes arbolados del Africa meridional son el hábitat preferido del águila-azor africana, una especie que también se encuentra en bosques de galería, plantaciones de árboles exóticos y otros terrenos arbolados, al igual que su congénere menos común y más pequeña, el águila-azor de Ayres, que es un típico habitante de los bosques tropicales caducifolios. Estas dos águilas-azor ocupan en el Africa subsahariana un nicho similar al de azor común en la región paleártica. Como este último, se alimentan principalmente de aves a las que a menudo capturan en vuelo a través de la espesura. Como el azor, tienen las alas anchas y la cola más bien larga, y a diferencia de su congénere paleártico de mayor tamaño, el águila-azor perdicera, evitan los espacios muy abiertos.

Curiosamente, el águila-azor africana y la de Ayres aparecen a menudo en un mismo espacio, criando y viviendo en la misma colina boscosa durante muchos años, sin que en apariencias se produzca conflicto alguno. Más pequeña que la africana, la de Ayres se alimenta sobre todo de aves, y menos a menudo de ardillas y murciélagos frugívoros, en tanto que su congénere prefiere dar caza a pintadas, francolines y otras aves terrestres.

Pese a su predilección por las zonas arboladas, estas dos águilas-azor no se adentran en las selvas pluviales, como tampoco lo hace el águila crestilarga, pese a que sus alas anchas y redondeadas parecen sugerir lo contrario. Esta última elige como hábitats, además de linderos forestales y plantaciones de pinos y eucaliptos, terrenos mixtos de arboledas y campo abierto, así como bosques de ribera y herbazales pantanosos salpicados de grandes árboles.

A diferencia de estas rapaces que dependen en mayor o menor grado de las superficies arboladas, el águila de Verreaux es un típico habitante de los kopjes (colinas áridas y con grandes bloques rocosos propias de Africa) y de otras zonas rocosas. Esta hermosa rapaz de plumaje apretado y negro, ornado en el dorso por una mancha blanca en forma de V, está tan a sus anchas en las sabana como en las regiones subdesérticas y las altas montañas, pero siempre en proximidad de acantilados, afloramientos o colinas rocosas.

En el Africa oriental se han encontrado nidos hasta los 4.000 m de altitud, y tanto allí como en otras regiones el águila de Verreaux persigue incansablemente a los damanes, capturándolos a menudo por sorpresa mientras contornea la ladera rocosa, de un modo similar a un águila real cazando marmotas en los Alpes. Debido a la similitud de sus técnicas de caza, a su predilección por las zonas montañosas y los espacios abiertos y a su tendencia a capturar mamíferos de tamaño mediano, este habitante de los roquedos ha sido considerado por muchos autores como el equivalente del águila real en el Africa subsahariana.

Aunque es perfectamente capaz de dar caza a cabras montesas o a ciervos pequeños, el águila real se alimenta sobre todo de mamíferos de menor porte, tales como liebres, conejos, ardillas terrestre, marmotas y otros roedores, a los que por lo general de caza en zonas cubiertas de una vegetación esparcida o baja. En algunas zonas del noroeste de Africa, sin embargo, esta águila es un habitante de los desiertos de montaña, donde da muestra de su adaptabilidad capturando grandes lagartos de cola de látigo. En el otro extremo del continente, las aguilillas calzadas de Sudáfrica viven en zonas montañosas con acantilados, matorrales de karoo y arbustos bajos.



ANATOMIA DEL AGUILA CORONADA


La rapaz más poderosa de la fauna africana

Perfectamente adaptada para maniobrar entre la densa espesura, el águila coronada se caracteriza por una cola larga y unas alas cortas, muy anchas y redondeadas. Por lo demás, esta poderosa rapaz tiene un pico afilado y arqueado, así como unos pies provistos de garras curvas y afiladas.

Cresta

Voluminosa y dividida (recuerda a una corona y de ahí el nombre vulgar del animal), contribuye probablemente a enmascarar la imagen de la cabeza mientras el ave vigila entre el follaje.
Como en tantos otros accipítridos crestados, la cresta podría señalar su disposición hacia otras aves o indicar simplemente que el águila está hambrienta.

Cola

Larga, como sucede habitualmente en las rapaces forestales, que no sólo le permite maniobrar con destreza entre los árboles, sino también cambiar el ángulo de planeo cuando el águila desciende después de encumbrarse.

Tarsos

Completamente recubiertos de plumas como en todas las águilas verdaderas, están profusamente barrados de oscuro, como el resto del plumaje de las partes inferiores.

Ojos

El iris es de color amarillo pálido, a veces casi blanco. Su enorme tamaño contribuye a la agudeza visual (que, como en todas las rapaces accipítridas, es extraordinariamente elevada), pero no es su única causa. Con su cristalino curvado y situado bastante tejos de la retina, el ojo semitubular del águila funciona de un modo muy similar a un telescopio: la gran longitud focal produce una imagen agrandada, tanto que el ave puede distinguir a su presa al doble o quizás a triple de la distancia a la cual un ser humano sería capaz de detectarla. También mucho mayor que el humano, el poder de resolución del ojo del águila se ve reforzado por los músculos oculares, la elevada densidad de conos en las dos fóveas de la retina, la abertura de las pupilas y los finos movimientos oculares.

Escudo Supraorbital

A modo de ceja ósea, este escudo es probable que proteja el ojo cuando el águila se precipita tras una presa entre la densa vegetación.

Pico

Grueso, ganchudo y provisto de filos cortantes como el de casi todas las rapaces, es muy poderoso.

Tibias

Están dotadas de tendones flexibles (la que acciona las garras, transformándolas en auténticos cepos letales) cuyo volumen casi iguala al de un antebrazo humano y le supera en fuerza.

Garras

Gruesas y muy potentes, permiten capturar presas hasta cinco veces mayores que el águila, matándolas de un rápido zarpazo o utilizando, si es necesario, la larga uña posterior, que es tan gruesa como el meñique de un hombre.

Alas

Son cortas y muy anchas, lo que permite maniobrar con extraordinaria destreza entre los troncos y las ramas de los árboles, caer en picado desde el aire para posarse suavemente sobre una rama e incluso volar casi verticalmente donde el suelo hasta la rama e incluso volar casi verticalmente desde el suelo hasta la rama. Pese a su gran peso corporal, esta águila es perfectamente capaz de encumbrarse, cobrando primero gran altura para descender luego sobre otra parte de su área de campeo. Sus ancha alas no sólo le permiten remontar las térmica con facilidad y soltura, sino también descender en un vuelo planeador que a menudo termina con un rápido picado. Para cambiar el ángulo de planeo; el águila levanta o baja la cola al tiempo que pliega o extiende las alas.


ALIMENTACION


Presa Principal

El águila coronada se alimenta principalmente de mamíferos, pero sus presas preferidas varían bastante de unos hábitats a otros. En las pluvisilvas de llanura, las presas que el águila consume con más frecuencia son los monos y los pequeños antílopes, mientras que en las zonas más secas los mamíferos preferidos son los damanes terrestres y las grandes mangostas. En una investigación realizada en una región bastante árida de Sudáfrica, de las 548 presas consumidas por las águilas coronadas 230 eran damanes terrestres.

En las selvas más densas los primates presa no han sido estudiados con tanto detalle, entre otras razones porque las águilas suelen digerir todos los huesos e incluso los dientes de estos animales. Con todo, es probable que los primates selváticos depredados con más frecuencia sean los cercopitecos diana, de Brazza y de L’Hoest, el talapoin y otros cercopitécidos, ya que el cerecopiteco verde es uno de los monos presa más habituales en los terrenos más abiertos.

Además de estos primates, el águila coronada consume a menudo gálagos y posiblemente colóbidos; en ocasiones, consigue burlar incluso la vigilancia de los miembros adultos de las manadas de papiones y capturar alguna cría de estos monos tan inteligentes como cooperativos en la defensa del grupo.

Aparte de estos mamíferos, el águila captura a menudo damanes de los árboles o niebas y con menos frecuencia pangolines, ardillas y puerco espines. En algunas zonas, también depreda gatos domésticos, pero en cambio no ataca casi nunca al ganado o a las aves de corral, ni siquiera en los corrales fácilmente accesibles de las pequeñas aldeas. Las aves salvajes, por su parte, no suelen ser presas habituales del águila coronada, si bien un estudio efectuado en bosques de Bracbystegia de Zimbabwe arroja un total de 13 gallináceas sobre 31 presas consumidas. En otras zonas, consumo con cierta frecuencia serpientes y también grandes lagartos.

En los bosques tropicales del este de Africa sometidos a una estación seca seguida de otra húmeda, los antílopes suelen ser las presas preferidas, siendo el pequeño suni (Nesotragus moscbatus) la especie que el águila coronada consume con más frecuencia. En un estudio efectuado en Kenya, de entre las 243 presa hechas por las águilas, 141 eran antílopes y 101 eran sunis; los antílopes de mayor tamaño eran un joven bushbuck que pesaba unos 20 kg y un duiker de Harvey adulto que pesaba unos 12. La captura de estos grandes ungulados suele exigir una extenuante lucha previa; una vez muerta la presa, el águila la desmembra y esconde los trozos de la presa en horquillas de árboles alejados del lugar de la pelea para alimentarse de ellos durante los días sucesivos.

Táctica de Caza

Uno de los sistemas de caza más usuales del águila coronada consiste en otear desde una rama, vigilando pacientemente el suelo del bosque, y dejarse caer sobre la pera para matarla o inmovilizarla de un violente zarpazo. No sólo los antílopes sino también a menudo los monos son capturados de este modo, bien por sorpresa o bien cuando descienden al suelo para escapar de la rapaz.

Con todo, es también frecuente que el águila coronada capture monos abatiéndose sobre ellos desde su vuelo encumbrado, posiblemente después de haberlos localizado desde cierta distancia. A veces, cuando la rapaz no encuentra el momento oportuno de lanzarse sobre una posible presa que acaba de aparecer en su campo visual, la sigue a través de la espesura, volando de rama en rama en busca de una ocasión más propicia. Y, como sucede a menudo con niebas y pangolines, la captura de monos no sólo se efectúa en el suelo sino también en los árboles, no siendo raro que el águila se limite a golpear con violencia al animal para que éste se mate en su precipitosa caída.

En la mayoría de los casos, sin embargo, el águila tiene que dar muerte al primate abatido, y lo tiene que hacer de inmediato, triturándole el cráneo con una de sus garras, porque de lo contrario éste podría arrancarle sus plumas de vuelo, lo que podría suponer la incapacidad de cazar y, por tanto, la muerte por inanición.


CICLO VITAL

Cortejo y Reproducción

Como la mayoría de las rapaces, el águila coronada es monógama y la defensa del área de campeo es particularmente intensa durante la estación de cría; en esta época, la pareja de águilas es muy agresiva hacia los intrusos potenciales que se acercan al nido. La parada de cortejo, muy espectacular y no necesariamente relacionada con la reproducción, incluye encumbramientos sobre las térmicas, vuelos ondulantes con repetidas caídas en picado y ascensos con un rápido aleteo en el punto más alto, además de reclamos continuos. A menudo, la hembra se une a este espectacular vuelo, ascendiendo y cayendo en picado hasta que, en un momento dado, se voltea y presenta las garras al macho; a veces, es ella sola la que ejecuta la parada, quizá para repelar a otras hembras extrañas.

El apareamiento, que tiene lugar encima o cerca del nido, supone a menudo la presentación previa de comida por parte del macho y suele repetirse durante tres o cuatro veces al día hasta un año antes de la puerta. Además de ocasionales pavoneos, en los que el macho corre en torno a la hembra con las alas levantadas para exponer sus infracoberteras barradas y castañas, el cortejo que precede a la cópula también suele incluir largos períodos en que los dos animales e miran fijamente a los ojos.


El Nido, la Puesta y la Cría

El nido, que la pareja de águilas utiliza durante toda su vida adulta, y no sólo como una plataforma de cría sino también como un verdadero hogar, se empieza a reparar varios meses antes de cada puesta. Es una estructura inmensa, construida con grandes palos de hasta 1,5 m de longitud y 3 cm de grosor, que al cabo de los años puede llegar a tener 2 m de diámetro y 3 m de profundidad.

Más voluminoso y hondo que el de cualquier otra águila africana, el nido suele construirse en la principal horquilla sombreada de un gran árbol selvático; con frecuencia, dicho árbol queda muy aislado del resto del bosque, como si las águilas intentaran evitar así que los monos u otros depredadores visiten el nido, lo cual no deja de ser sorprendente, tratándose de una rapaz tan fuerte que vigila incansablemente a su pollo hasta que puede defenderse por sí sólo.

La puesta, que puede tener lugar durante todo el año en Gabón y en el este de Africa (aunque con mayor frecuencia en el período seco de junio a agosto), es más estaciona en otros lugares: en octubre en Nigeria y de septiembre a octubre en el sur de Africa. Ligeramente ovalados, blanquecinos y con tenues motas pardas, los huevos son pequeños para las dimensiones del ave. El tamaño de la puesta suele ser de dos huevos, con menos frecuencia de uno, y una misma hembra puede poner uno o dos huevos en años distintos.

Si pone dos, lo hace con tres días de diferencia y, pese a que durante la incubación se ocupa con igual dedicación de ambos huevos, volteándolos con frecuencia para oxigenarlos, siempre hay un aguilucho que nace antes que el otro –a veces, el segundo huevo es infértil- y que, fatalmente, siempre mata al más joven a los pocos días de eclosionar.

Este curioso comportamiento, que tiene lugar incluso cuando hay un gran suministro de alimento y del que no se ha dado todavía una explicación satisfactoria, se observa también en otras águilas y se ha descrito como e “conflicto de Caín y Abel”.

Al cabo de una semana, el único pollo que sobrevive ya se alimenta por sí solo de a carne que le trae su padre. Hacia los sesenta días adquiere su primer plumaje completo y sus padres empiezan a dejarlo solo en el nido durante largos períodos, a menudo durante días y noches enteros. Pese a ello, el aguilucho no abandonará el nido hasta un mes y medio más tarde si es un macho y hasta casi dos meses después si es una hembra. Y permanecerá en sus inmediaciones, volviendo a menudo al nido cuando los padres le traigan presas, durante un período que puede ser de tres meses como mínimo pero que a menudo es de once meses largos.

Así las cosas, un ciclo de cría completo, desde la preparación previa del nido hasta la independencia del pollo, dura veinte meses como mínimo –bastante más si no ha habido éxito y las águilas tienen que volver a internarlo-, lo que significa que una pareja sólo puede reproducirse cada dos años en el mejor de los casos.

Cazar en Cooperación

Aunque no es raro que los monos machos “se mofen” de las águilas coronadas trepando a los árboles en los que éstas se posan y tirándoles de las patas, basta con que una de estas águilas empresa el vuelo para que cunda la alarma entre las bandadas de simios. Y es que, pese a la dificultad que suponen estas presas, la gran rapaz africana no sólo está perfectamente adaptada para atraparlas sin peligro, sino que además utiliza estrategias de caza tan elaboradas como precisas.

A menudo el uso de estas estrategias supone una íntima colaboración con su pareja. Para capturar cercopitecos verdes, por ejemplo, no es raro que el macho emita sus sonoros reclamos desde lo alto de la bóveda arbórea mientras la hembra avanza hacia una posición ventajosa para lanzar a su ataque desde abajo.

Distraídos por el macho, los monos no descubren la presencia de esta última hasta que ya es demasiado tarde. Su vuelo de rama en rama, por un territorio que conoce al detalle, es tan silencioso como rápido y atrapa al joven cercopiteco por sorpresa con una de sus garras mientras la otra le destroza el cráneo. Un vez abatida la presa, ambos sexos suelen compartirla, a menos que estén criando, en cuyo caso el mono es decapitado antes de ser transportado al nido para evitar todo peligro para el polleulo.

Del águila coronada también se dice que caza en cooperación con los leopardos para capturar los monos que huyen hacia el suelo. Aunque esta observación no ha sido confirmada, no parece imposible, ya que la colaboración interespecífica ha sido observada y confirma en numerosas alianza defensivas; un ejemplo de estas alianzas es la que establecen los impalas y los papiones para mantenerse a distancia de guerpardos, hienas y chacales. Y no sólo para la defensa existen ejemplos bien documentados de alianzas interespecífica; en las pluvisilvas americanas, por ejemplo, el busardo blanco sigue con frecuencia a las manadas de monos capuchinos para capturar las crípticas serpientes arbóreas que éstos espantan a su paso.

Más frecuente que la cooperación interespecífica, la caza en parejas uniespecíficas se ha observado en varias especies de rapaces, además del águila coronada. La practican el águila monera de Filipinas, el águila-azor africana, el águila real y varios busardos.

Y la practica asimismo el pigargo europeo para capturar aves acuáticas heridas a las que persigue hasta agotarlas por completo. Con todo, ninguna de estas rapaces lleva la estrategia de caza social hasta el punto de busardo mixto (Parabuteo unicinctus) de América, que suelo formar grupos de dos a seis individuos para cazar conejos con una técnica de emboscada.




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